Sobre la situación mundial
Documentos Internacionales, Internacional, Novedades Internacional, Socialismo, Socialismo ObreroEl presente material se trata de una primera aproximación de Socialismo Obrero al análisis de la situación mundial. Desde ya que no es definitivo porque vamos ir llegando a captar mejor la realidad, al decir de Lenin, por análisis, debates y aproximaciones sucesivas. Aquí, en esta primera aproximación, solo están los trazos más gruesos e importantes de ella.
1- Crisis estructural del capitalismo en su fase imperialista
El capitalismo imperialista se encuentra en una profunda crisis debido a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, al estar frenado el desarrollo de las fuerzas productivas, desde el inicio de la época imperialista (1914/17) pero fue a finales de los años 60 y principios de la década del ’70 que se termina de agotar el boom de la Segunda post-Guerra. Los grandes capitalistas en las últimas cinco décadas derivaron a sectores no productivos grandes masas de plusvalía a sectores no generadores de valor -como ser pro-ductores de mercancías tangibles- en servicios, junto a inversiones en ramas accesorias a la industria como lo son las telecomunicaciones y las empresas tecnológicas, pero sobre todo a sectores parasitarios como es la especulación financiera o la especulación inmobiliaria. Eso produjo la crisis financiera del 2007/08, la cual se estabilizó en los años siguientes, pero el capitalismo no ingresó en un ciclo expansivo, sino en un amesetamiento que a su vez tuvo pequeños ciclos de reanimamientos -porque siempre el capitalismo, como un ser vivo, inhala y exhala- con una tendencia descendente, debido a la propia crisis estructural del capitalismo al ya no desarrollar las fuerzas productivas, que es la que se termina imponiéndose, y a su vez derivando gran cantidad de plusvalía a sectores parasitarios, reiniciando ciclos de mayor especulación y crisis.
A la crisis de sistema nada se le escapa, incluso la supuesta autosuficiencia de la especulación en el mundo cripto no es tal, por ejemplo; Bitcoin no para de caer, el mercado está sumido en un “miedo extremo” y ya lleva una caída de su valor de casi un 25 por ciento en pocos meses, sin que sea producto de un deterioro estructural ni de un hackeo o una regulación adversa que atentaría contra las expectativas. Ocurre que muchas empresas, que son los mayores tenedores corporativos de las monedas virtuales, están en crisis en el mundo real y eso se traslada al universo cripto al perder apalancamiento y carecer de otros instrumentos de cobertura que asegure solvencia, como resguardo o reaseguro a una eventual caída. Es que todo está interrelacionado a la propia crisis estructural del capitalismo y su sector financiero, incluso con las sofisticadas tecnologías para la especulación.
Pero no todo es especulación financiera, si así fuera el sistema capitalista colapsaría muy rápido, sino que la burguesía mundial en su ciega huida hacia adelante, por afán al lucro y movida por la competencia, al desarrollar nuevas tecnologías aplicadas a la producción vienen desplazando mano de obra y generando una gran desocupación, la que ya no es coyuntural sino estructural -y que se seguirá profundizando-, dejando también a regiones del mundo prácticamente abandonadas a la inversión y con nulo desarrollo. Situación que provoca olas migratorias, las que a su vez generan xenofobia y racismo en los países centrales o imperialistas, lo que es capitalizado por fuerzas políticas de extrema derecha, las que a su vez reaccionan contra los derechos de la mujer y de las minorías sexuales. Al mismo tiempo, por el envejecimiento de la población, y baja de la tasa de natalidad -fenómeno también tiene que ver con la falta de perspectivas que genera el capitalismo senil en su agonía-, las naciones imperialistas si quieren mantener sus economías dinámicas se ven obligadas a permitir el ingreso regulado de inmigrantes, situación que re-actúa a favor de la extrema derecha xenofóbica, y al mismo tiempo que empiezan a entrar en crisis en muchos países los sistemas previsionales.
A su vez, la misma crisis del capitalismo y su voraz necesidad de lucro de sus mul-tinacionales, lleva a una aceleración de la crisis ambiental y ecológica poniendo en peligro la misma vida en el planeta, trasladando desechos industriales y creando altos niveles de polución en los países semicoloniales, así como la contaminación creada por técnicas extractivistas de recursos naturales no renovables, como el petrolero y el gasífero, pero también en la minería, especialmente en la lucha de los EE.UU. y China por las “tierras extrañas”. Así fracasa también la cumbre mundial sobre el cambio climático (COP30) recientemente reunida en Brasil, donde los participantes no se pusieron de acuerdo con ‘la hoja de ruta’ fijada en la cumbre de hace dos años en Dubái (COP28) para la reducción progresiva del uso de combustible fósiles como fuente energética (petróleo, carbón y gas) que impulsaba un grupo de países, incluido el anfitrión. EE.UU. directamente no con-currió a dicha cumbre, y Arabia Saudita, China, India, Nigeria y Rusia -estos últimos socios del Brasil en el BRIC- ha rechazado la ‘hoja de ruta’, de esa forma en el último borrador no se menciona a los combustibles fósiles. La conclusión no puede ser otra: cada vez más en crisis del capitalismo mundial, entonces menos posibilidades hay de que se cuide el medio ambiente.
2- Un nuevo desorden mundial
Ya desapareció el “nuevo -ya viejo- ‘orden’ mundial” cuando los EE.UU. salió victorioso, hace más de tres décadas, tras la restauración capitalista en Europa del Este y la URSS, junto al aceleramiento de la restauración capitalista en China. Esa realidad política iniciada a principios de un mundo unipolar ya no existe. Primero porque surgió la UE, aunque a 20 años ya se había retirado Gran Bretaña, y con la crisis de Maidan y la toma de Crimea de Rusia en el 2014, junto a la actual invasión rusa a Ucrania, del 2022, más en crisis está. Y no estamos en el mismo ‘orden mundial’ porque en las dos últimas décadas apareció China con una gran fuerza que se situó como segunda economía mundial. Tanto es así que desde hace una década toda la agenda del imperialismo de los EE.UU. esta signada por ese desafío global, independientemente de que hoy realice un acuerdo comercial/arancelario con China, y sea Rusia o Putin la más desafiante en determinados momentos -y que Trump dirija sus diatribas hacia allí- el imperialismo estadounidense no pierde de vista que el desafío de fondo es China.
En ese contexto de cambio, algunos imperialismos, como el de la Unión Europea liderados por Alemania y Francia (que al no ser un bloque homogéneo, como si se tratara de un país, se producen acuerdos unilaterales como el que realizó España con China o Italia que tiene acuerdos preferenciales con EE.UU.) es el bloque más inestable y está cada vez más débil, así como Japón en un estancamiento crónico), volviéndose más agresivos otros -como el norteamericano, aliado directamente a Gran Bretaña e Israel- agresividad que denota la progresiva pérdida de hegemonía de los EE.UU., aunque siga siendo el más fuerte aún.
Mientras se van tensando las relaciones entre los diferentes imperialismos y potencias emergentes, principalmente China que tiene el mayor mercado del mundo, es muy fuerte en el plano de la producción industrial que está obligada a lanzarse al mundo por la necesidad de materias primas y de mercados para sus productos. O Rusia que es una potencia en el plano militar y ejerce su poder para mantener sus zonas de influencias heredadas de la URSS stalinizada y del viejo imperio zarista, para no perder influencia regional. Estos dos, que junto a otras potencias emergentes menores como lo son la India, Brasil y Sudáfrica -a la que se sumó también Irán- que conforman el bloque comercial llamado BRIC, buscan desplazar al dólar como moneda internacional de comercio. Ten-sión en las disputas por el mercado mundial y las materias primas, que prepara un esce-nario de nuevas guerras regionales y una nueva guerra mundial, aunque por ahora las gue-rras están focalizadas en Ucrania y Gaza, y las tensiones entre las potencias imperialistas son comerciales y arancelarias.
En este marco hay que prestarle especial atención a los EE.UU. porque -al decir de Trotsky- tanto más en crisis esté el capitalismo mundial su potencia hegemónica más contradicciones incubará porque en ella se traslada y refleja la crisis mundial del sistema y su decadencia.
3- Imperialismo, y China y Rusia como potencias emergentes
Es importante tener en cuenta la tensión existente entre potencias imperialistas y también emergentes, no solo porque hay populistas de izquierda (stalinistas, stalinistas-castristas, pro-rusos o pro-chinos y chavistas, detrás de nebulosas concepciones del Socialismo del siglo XXI, el que no es más que una cobertura ideológica de desarrollo de “la burguesía nacional” pero que encubren las políticas restauracionistas de la burocracias stalinistas en ellos ex-EOB’s) con los cuales compartimos el rechazo visceral al imperialismo de los EE.UU. Es que esta cuestión va más allá de lo que plantea esa vieja vanguardia -que no es la vanguardia de las luchas del día a día-, la que en particular se posiciona con el eje China/Rusia -Venezuela y Cuba- por lo tanto, va siempre a tener un trasfondo frente populista -y de colaboración de clases- su política, por radical que parezca. Situación internacional que genera una tensión y polarización, por el tamaño del proceso y los países implicados, tratándose de una cuestión que lejos de ser un problema de la vanguardia se transforma en un problema político del proletariado mundial y de la humanidad toda.
Al respecto hay tres posiciones posibles a tener:
1) considerar a ambos campos como imperialistas y plantear un ni-ni, o sea, ni con los EE.UU.-Europa-Japón, ni con China-Rusia, asumiendo como sí ambos fuesen bandos imperialistas (algunos suman a las otras potencias emergentes del BRIC a este último bloque),
2) considerar que hay un bando imperialista (EE.UU./Gran Bretaña/Canadá/ Australia-UE-Japón-Israel) y un bando de los países semicoloniales y, por lo tanto, progresivo, al que habría que apoyar, que vendrían a ser China, Rusia, India, Brasil, etc., y…
3) considerar que hay un bando de países imperialistas (EE.UU./Gran Bretaña/Canadá/ Australia-UE-Japón-Israel) y un bando de países capitalistas semi-coloniales pero avanzados, que son potencias emergentes, como China y Rusia principalmente.
(Por supuesto que, sobre este último punto, puede haber posiciones parciales, por ejemplo; que se considere a China como imperialista y a Rusia no, o viceversa, pero si se encuentran en un mismo bloque con que haya un país imperialista ya se trata de un bloque de esa condición. Como por ejemplo lo era Rusia aliada a Francia en la Primera Guerra Mundial, y a Lenin le era totalmente secundaria la cuestión de que Rusia no fuese imperialista en términos capitalistas, le bastaba que esté aliada a Francia y Gran Bretaña para considerarla parte de un bloque imperialista en guerra y plantear el derrotismo revolucionario también para Rusia. También hay potencias emergentes de segundo orden, como Brasil, que manteniéndose en el BRICS, según el gobierno que tenga se posicionan más afín a los EE.UU. o a la UE, o sea, tienen mayores márgenes de maniobras entre los campos en disputa, incluso con los miembros del mismo bloque imperialista.)
La postura número 1 parece la más atractiva -y simplista- porque pone a ambos bandos en situación de paridad planteando la lucha por la revolución por igual, pero tiene el problema -como ya lo planteamos varias veces- que si China fuese imperialista y es invadida por los EE.UU. no deberíamos plantear “Fuera los EE.UU. de China” o sea, la defensa china, sino que deberíamos plantear el derrotismo revolucionario poniendo al país invadido, como sería China -país que hasta ahora no ha tenido la política de invadir a nadie- en el mismo plano que al país invasor. O, puede llevar a tener una política capitualadora al imperialismo considerando, por ejemplo, que al tener China y Rusia muchos intereses en Venezuela, no hay que posicionarse por la defensa a esta última -si fuese atacada por los EE.UU.- porque se trataría de una guerra inter-imperialista que se da en ese territorio (guerras proxis). Esto no niega que China tenga elementos de tipo imperialistas, como por ejemplo el tamaño de su economía que lo lleva a salir fuertemente a pelear el mercado mundial y recursos naturales, el haber cerrado la brecha tecnológica, pero tiene otros elementos que lo contradicen como el no ser parte de la oligarquía financiera mundial, no invadir países ni voltear gobierno que no le sean afines. Es que todavía no dio ese salto de calidad como para definirlo imperialista.
Ya vimos que la posición número 2 es correcta solo en el plano de estar del lado del país semicolonial -independientemente del régimen que tenga el país que fuese agredido- frente al ataque o invasión de una potencia imperialista, pero que pasa a ser capituladora a esa burguesía nacional en tanto que defienda a su gobierno -por lo tanto, a la clase dominante, y su proyecto patronal- llevando así a políticas frente populistas y de colaboración de clase so pretexto de ser antiimperialistas, como son las políticas que orienta el stalinismo castro-chavista. Debemos rechazar este “campismo” como capitulador al campo burgués “progresivo”.
Y la posición número 3, que sería considerar que el enemigo principal de los pueblos del mundo es el imperialismo (EE.UU. -junto con Gran Bretaña/Canadá/ Australia-UE-Israel-Japón) y analizar proceso por proceso (por ejemplo, la invasión rusa a Ucrania o el conflicto por Taiwán entre China y los EE.UU. que patrocinan su independencia y el dominio del mar de China, o las agresiones a Venezuela) y dar respuestas a ellos, desde una perspectiva de independencia de clase y revolucionaria para construir el partido socialista revolucionario y la internacional. Teniendo en cuenta que China -que de todas las potencias emergente es la única que podría llegar a transformarse en imperialista-, si bien es más favorable su política comercial exterior hacia los países semicoloniales pobres -como son los africanos y muchos asiáticos y de América también-, no deja de ser una política extractivista de sus recursos naturales, y por lo tanto estamos en contra de ella, planteando la nacionalización de ellos bajo control obrero de dichos recursos, del país semicolonial que fuese.
4- Los principales procesos de la lucha de clases, de los pueblos semi-coloniales del mundo y conflictos internacionales
Ucrania
La invasión rusa a Ucrania, no solo respondía a una cuestión de seguridad por si Ucrania ingresaba a la OTAN y no querer tener Rusia fronteras comunes con ésta, sino principalmente porque los acuerdos comerciales al ingresar Ucrania a la UE desplazaban a Rusia de la posición predominante que tenía en varios sectores de la economía ucraniana. La invasión que fue pensada como una “operación especial” que iba a realizarse en una semana, a lo sumo, con tanques de guerra que marchaban a Kiev entrando triunfante y deponiendo al gobierno, ya lleva tres años. Si bien, con el apoyo de la OTAN, la resistencia del pueblo ucraniano fue mucha en los dos primeros años, ella viene menguando, en parte porque Zelensky no ofrece nada a las masas sino que la ajusta y reprime por exigencias misma de la guerra, pero la resistencia pasiva continua porque al mismo tiempo Putin no tiene nada para ofrecerles a más de 35 millones de ucranianos que no sea una opresiva asimilación rusa o el exilio, en ese sentido la invasión esta empantanada desde su inicio prácticamente, y ambos bandos juegan al cansancio y desgaste del otro, aunque es Rusia la que tiene la ofensiva y un ejército regular muy fuerte, Ucrania tiene el apoyo económico y tecnológico-militar de la OTAN pero con un ejército mucho más débil. Y si bien Rusia tiene la ofensiva y un ejército -y recursos técnicos-militares- de los más importantes del mundo, no tiene mucho margen económico -sino a costa de endeudarse a futuro con China-, pero Europa, que junto a los EE.UU. sí tienen ‘grasa acumulada’ para aguantar económicamente, carece de unidad política y militar para rechazar la intervención militar rusa.
Mientras tanto el imperialismo norteamericano diseñó un plan de paz con Rusia. Dicho plan (Trump-Putin) consta de 28 puntos y consiste centralmente en que Ucrania ceda el Donbass y todos los territorios ocupados actualmente por Rusia, que no se unirá a la OTAN, así como la reducción de su ejército a la mitad y la prohibición de tener determinadas armas. Se trataría de un acuerdo donde ni Zelensky ni la Unión Europea formaron parte en su confección, y que no quieren aceptar. La Unión Europea lo considera un riesgo existencial, aduciendo que con el reconocimiento como legal de la invasión rusa se pone en peligro todos los países del Este Europeo, y que por eso mismo Rusia no garantizará que dicho acuerdo se cumpla. El plan de la UE, apoyado por Zelensky, consiste en que las sanciones económicas hagan su efecto y que Rusia se desgaste. Así esta guerra, que para EE.UU. es sólo un costo que no quiere pagar, y del que nada o muy poco va a obtener -prefiere focalizarse en China y américa latina- para la UE como tal, es un problema vital. Esta es la base de la fricción central entre estos dos bloques imperialistas, cuestión que no logran destrabar.
Una posición marxista revolucionaria no puede partir más que de los intereses del proletariado de Ucrania, Rusia y Europa al mismo tiempo, y de la defensa de las nacionalidades oprimidas, por tanto, de la defensa de Ucrania frente a la invasión de Rusia, pero en oposición al gobierno de Zelensky, que por ser una fracción burguesa al servicio del imperialismo no arma a las masas, sino que mantiene planes de ajustes y represión frente a los reclamos. En tanto la guerra pierda su carácter de masas para transformarse en una pelea de ejércitos profesionales con mercenarios, más favorecidos salen Rusia y la burguesía ucraniana que logra tener control sobre las masas desmovilizadas y desanimadas, aunque tenga el costo de que esta guerra pierda carácter popular y tenga que recurrir a mercenarios. Ambos bandos buscan una salida acordada pero no logran ponerse de acuerdo y al mismo tiempo se van agotando. Los trabajadores conscientes deben resistir organizando las autodefensas, de los pueblos, establecimientos y fábricas, preparando así las condiciones para un futuro ascenso de donde surja una nueva dirección para los trabajadores ucranianos, porque ni Zelesnky -ni el que lo suceda al servicio de la burguesía ucraniana proeuropea- ni Rusia ocupándola y oprimiéndola van mejorar la situación de los trabajadores y las masas, más bien todo lo contrario, y en todos los países involucrados.
Palestina
Los EE.UU., -más allá del estancamiento en Ucrania y que, junto a Israel, no pudo derrotar el plan de desarrollo nuclear iraní-, con ayuda del grueso de la burguesía mundial y no solo de la imperialista europea, pero particularmente de la burguesía árabe, logró consumar, por intermedio de Israel, una derrota a las masas árabes con el genocidio palestino en Gaza.
El acuerdo de “paz” y la devolución de rehenes, impulsado por los EE.UU., tuvo que ver con la presión qua ejerció la solidaridad mundial -donde se destacan las huelgas generales en Italia y mucha simpatía pro-Palestina en Europa y los EE.UU- cada vez más grande con los palestinos, pero es muy limitado y fue impuesto a un agotado Hamas, de forma desfavorable manteniéndose Israel dominando Gaza y con planes intactos de anexarla definitivamente, esto es; el genocidio palestino o la ‘limpieza’ étnica continúa, también en Cisjordania. Lo que demuestra que no hay ninguna posibilidad de dos estados, política que impulsan algunos países europeos, la lucha por la destrucción del Estado genocida -sionista/nazi- de Israel se muestra ineludible, el problema es que las direcciones burguesas de las masas palestinas no van a ir a fondo, se inclinan hacia los dos estados, aunque la realidad les diga que no. Será de la revolución obrera y socialista en Palestina o en cualquier lugar del mundo, que irradie sus ideas a las masas árabes en general y palestinas en particular, la que solucione el problema de opresión nacional con la transformación socialista de Palestina en el marco o en lucha, por una Federación de Repúblicas Obreras y Socialistas de Medio Oriente.
Venezuela
El imperialismo norteamericano sumó al narcotráfico -junto al “terrorismo” que ya venía desde el 2001- como una estrategia -o excusa- de defensa nacional, para poder intervenir o directamente atacar a otros países, sea porque necesita amenazarlos y aplicarles sanciones para controlar el flujo de inmigrantes, como en el caso de México, o directamente para derrocar gobiernos como en el caso de Venezuela.
Los bombardeos de EE.UU. en el mar Caribe que ya llevan 21 lanchas hundidas y 83 muertos, son verdaderas ejecuciones extra judiciales -siquiera sin pruebas demostrables de que se trata de narcotraficantes, más bien se trataría de pescadores-, y parte de la ofensiva del imperialismo contra Maduro en Venezuela buscando instalar un gobierno pro-EE.UU. Y es parte de la ofensiva del imperialismo de los EE.UU. para preservarse mercados y materias primas -petróleo, gas, metales y tierras raras, etc.- en Latinoamérica en competencia con China. Sin embargo, más allá de que pueda realizar bombardeos, incluso a tierra, con ese pretexto parece poco probable una invasión, no solo porque Maduro todavía tiene apoyo social, sino porque Venezuela no es Panamá, ni a Maduro lo pueden asociar directamente al narcotráfico como a Noriega -aunque deslegitimizado por el carácter fraudulento de las lecciones que lo mantiene en el poder- sino también porque Rusia declaró ponerse a disposición de Venezuela -aunque poco pueda hacer eso-, pero principalmente porque tanto Brasil como Colombia, los principales países limítrofes, no son afines a esta política de EE.UU. De allí que hoy no parece ser lo más probable que intenten invadir a Venezuela para derrocar al gobierno de Maduro, sino más bien esperar a mejores relaciones de fuerzas, aunque todo indica que seguirá bombardeando el mar caribe. Pero el imperialismo está interesado en sacar a Maduro del gobierno porque eso también aceleraría la crisis en Cuba -y la acumulación capitalista que lleva adelante la burocracia/burguesía cubana- puesto que el petróleo el gobierno de Venezuela se lo vende a la isla muy subvencionado, casi a precio de costo de extracción.
Asia-Pacifico
EE.UU. viene tejiendo alianzas -la QUAD entre otras- en Asia-Pacífico, con Japón, Corea del Sur, Filipinas, Australia e incluso la India, con acuerdos parciales, maniobras navales/militares y con discursos, a veces es fogoneando al independentismo taiwanes -o Japón amenazando a China, si recurre a la fuerza para recuperar Taiwán, cuando esta isla es reconocida hasta por los propios EE.UU. como territorio chino- y otras veces es metiéndose en las disputas de islas e islotes del Mar de China, pero siempre tienen un blanco y objetivos estratégicos comunes, compartidos por los participantes de dichos acuerdos; contener el ascenso chino. De los cuales, claro está, los EE.UU. son los más interesados. Es que desde el punto de vista comercial la región se ha convertido en el tablero donde se dirime la competencia comercial y la hegemónica mundial en las próximas décadas, puesto que solamente ella concentra el 50 por ciento del comercio mundial, de lo cual más de la mitad de dicho comercio pasa por el Mar de China. De allí que no es de extrañar que el centro de los conflictos internacionales de un futuro no tan lejano pase por ahí. Y también afecten a puntos geográficos marítimos por dónde pase en mayor medida el comercio internacional, como son zonas del Ártico -ahora posible su tránsito por el cambio climático- de allí el interés de los EE.UU. en Groenlandia, un férreo control del Canal de Panamá, el estrecho de Ormuz, y la Antártida, de allí también su interés por mantener las Malvinas bajo órbita de Gran Bretaña y crear bases militares en Ushuaia.
5- Crisis y situación inestable e indefinida cuya tendencia es hacia una nueva guerra mundial
Los bandos de esta posible guerra mundial no están aún definidos, porque no se sabe si en los próximos cinco años la UE estalla, si se mantiene unida con proyecto propio o se une a los EE.UU. más estrechamente. Tampoco se sabe si en China estallan las contradicciones internas entre las diferentes alas de la burocracia -más aperturistas o más regulacionistas-, reflejando sectores burocráticos del propio Estado, o sectores que reflejen los intereses de la ya importante burguesía china, así como si en los años próximos retrocede paulatinamente o, por el contrario, si China mantiene y redobla su política de expansión de negocios e influencia. Ni tampoco se sabe si Rusia firma la paz manteniéndose en las zonas ocupadas o si se retira de Ucrania negociando con la UE un status particular para Ucrania, y si con esto se aleja de China. Hoy no parece probable que la UE rompa sus acuerdos militares con los EE.UU., o sea, que desmantele la OTAN. Ni tampoco que EE.UU. quiera que eso ocurra, por eso le exige que realicen más gastos militares, lo que paradójicamente puede llevar a que la UE, al tener ejército propio, en los años próximos se saque de encima la tutela y las imposiciones de los EE.UU. lo que facilite un acuerdo más general de la UE con Rusia. En definitiva, la tendencia por la propia crisis del capitalismo es irrefrenablemente hacia una guerra mundial, pero habrá más roces comerciales y diplomáticos -al tiempo de crisis, levantamientos y revoluciones-, y guerras regionales antes de tal posible definición bélica.
En tanto no se despeje la situación mundial, sea que haya un par de revoluciones importantes o una revolución socialista que lo cambia todo, o que China estalle, retroceda o haya que considerarla imperialista, o que Rusia se alíe a la UE o a alguna potencia de la actual UE en un nuevo bloque imperialista, u otras muchas más variantes posibles, pero que hoy no podemos predecirlas. O sea, en tanto no se definan los realineamientos que constituyan bloques nos parece ésta la mejor posición, que es la de situarnos incondicionalmente con el país semicolonial frente al ataque de un país o bloque imperialista, y de defender el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades (por ejemplo, Ucrania -o cualquier otro país alógeno de Rusia- tiene derecho a decidir ser parte de la UE, aunque estemos en contra de dicha comunidad económica, pero también estamos en contra de que se la invada para imponerle estar bajo la tutela rusa o directamente ser anexada) o con el pueblo palestino por una Palestina obrera y socialista en todo su territorio histórico lo que conlleva la lucha por la destrucción del Estado de Israel, independientemente de por quien sea el que apoyada o patrocinada estas lucha; como planteaba Trotsky, como ejemplo, en la década del ’30 para el movimiento de liberación de la India que había que apoyarlo en su lucha contra el colonialismo de Gran Bretaña, por más que estuviera financiado en parte por la Alemania nazi.
En definitiva, la tendencia hacia la guerra mundial es irrefrenable, y debemos dotarnos de consignas contra el armamentismo, que buscan llevar adelante las clases dominantes, denunciando que este se hace en detrimento de la salud, la educación, los salarios, los puestos de trabajo estatales y todos los servicios sociales, sumado a la ya existente crisis que lleva a la burguesía de esos países a buscar terminar con las conquistas obreras en materia de salarios y condiciones de trabajo.
6- Capitalismo en agonía, desocupación y Socialismo.
El talón de Aquiles del capitalismo imperialista, en su avanzado grado de agonía, es que no puede resolver el problema del trabajo. No puede generar trabajo a los niveles que venía generado y que desde hace cuatro décadas ya no genera, lo que progresivamente cada vez será peor.
Situación que no se compensa con la tendencia de envejecimiento de la población en los países centrales ni con el decrecimiento de la tasa de natalidad, ni sumando los dos factores -o sea, menos jóvenes que ingresan al mercado laboral-, porque al mismo tiempo la introducción de nuevas tecnologías como son la cibernética, la robótica, la IA aplicadas a la producción y, con la creciente flexibilización laboral en nuevos modos de producción que maximizan tiempo y por tanto ganancias, hace que se siga pronunciando la desocupación.
Dicho de otra forma, la desocupación no se trata ya de un ejército industrial de reserva, ni siquiera es un fenómeno coyuntural, sino que la desocupación pasó a ser estructural, y va de la mano de la baja salarial y la precarización, o sea con mayor explotación y por eso mismo miseria y descomposición social.
Independientemente de las muchas consignas parciales que se deben lanzar para resistir los ataques patronales -contra los despidos, la flexibilización, etc.-, la cuestión de fondo no se resuelve sin la consigna transicional de escala móvil de horas de trabajo para toda la sociedad, lo que lleva a una reducción de horas de trabajo. Pero a su vez, esto solo puede ser posible con la clase obrera en el poder y comenzando a construir el Socialismo. A propósito de esto, en el Que Hacer?, Lenin recuerda la frase de Engels que decía que la fortaleza invencible de la socialdemocracia alemana residía en que daba un ataque concéntrico desde tres direcciones; desde la lucha económica-practica, desde la lucha política y desde la lucha teórica, y remarcaba, no son dos (económico/práctica-lucha salarial) y lucha política, sino tres, porque hay que agregarle la lucha teórica.
La cuestión del Trabajo para Todos con el reparto de las horas de trabajo entre todos los trabajadores, así como la situación de los actuales miserables salarios y haberes jubilatorios -esto último en muchos países-, debe ser tomada como un eje cardinal, haciendo agitación propagandística de ellas y relacionándolo con el poder obrero y el Socialismo, porque dan en el corazón del capitalismo en descomposición. Por otra parte, porque propagandizar esta cuestión sirve para hacer propaganda desde problemas concretos y acuciantes y no desde abstracciones futuras y lejanas como puede parecer el tema del Socialismo como cuando se lo plantea para un futuro indefinido.
Se trata de una tarea y consigna para ser levantada en todos los partidos socialistas revolucionarios del mundo, las que, junto con las cuestiones democráticas, y democráticas-estructurales -las consignas antiimperialistas- en los países semi-coloniales, componen el programa.
7- Democracia burguesa, reacción burguesa y revolución
En el último período, los regímenes democrático-burgueses vienen sufriendo un desgaste creciente. Pero la pérdida de la perspectiva socialista en amplios sectores de masas -que viene de finales de los años ’80, con la restauración capitalista llevada adelante por la burocracia stalinista en los exEOB en los años ’90, que se potenció posteriormente con el surgimiento y fracaso de falsos ‘socialismos’, como el Socialismo de Siglo XXI o castro-chavismo- hace que a pesar de que las movilizaciones y el cuestionamiento al capitalismo se hayan intensificado en todo el mundo -particularmente luego de la crisis económica de 2007-2008-, las masas aún limiten su horizonte político a la democracia burguesa, cada vez con menos entusiasmo, aunque por la crisis de dirección revolucionaria no encuentren con qué reemplazarla. Y, a su vez, en la lucha por la solución de la crisis de dirección revolucionaria -recreando la conciencia política de clase, obrera y socialista- se recompone la perspectiva socialista en la clase y sus luchas.
Mientras tanto, como la tendencia mundial es hacia la profundización de la crisis capitalista y la guerra mundial también lo es hacia la revolución, y por lo tanto hacia el bonapartismo y neos-fascismos, u otra forma de controlar a masas que cada vez creen menos en la democracia burguesa. Esa es la explicación del porqué ya el imperialismo no cuestiona a China o a Rusia por no ser democracias -y solo cuestiona los fraudes electorales cuando no son patrocinados por ellos, ejemplo: Nicaragua o Venezuela-, es porque no es precisamente la democracia su política para el mundo semi-colonial como lo fue en las últimas cuatro décadas. Más bien, debido a la contrarrevolución económica permanente contra la clase obrera y sus conquistas, contra las masas y su nivel de vida, tiende a impulsar la bonapartización reaccionaria incluso en los países imperialistas. La Barbarie capitalista tiene nombre, se llama guerra y fascismo.
Pero hoy no deja de ser una extrema derecha con contradicciones, puesto que el fascismo clásico es una reacción burguesa por naturaleza nacionalista extrema y estatista, pero esta extrema derecha es muy mayoritariamente liberal y hasta ultra-liberal y, por eso mismo, en Europa es “libre-mercadista” en su mayoría, y en los países semi-coloniales están entregados al imperialismo principalmente norteamericano, pero todas mantienen su tendencia a cercenar las libertades y a atacar las organizaciones de la clase obrera.
De allí que es tan importante defender las garantías democráticas (de derechos o garantías constitucionales de expresión, organización y lucha, etc.), como denunciar al régimen democrático burgués por su carácter de clase, junto a los objetivos de dominio y explotación que persigue. Luchando por su superación revolucionaria, planteándole sin tapujos a la clase la necesidad de la revolución social o socialista, y diciéndole que es ella la que debe conquistar el poder y gobernar con sus propios organismos que surjan en la lucha, tarea para lo cual es fundamental la construcción del partido y la internacional. Y, a su vez, en la intervención en las luchas, y en la lucha por la solución de la crisis de dirección revolucionaria del proletariado, se va ir recuperando la perspectiva socialista en la clase.
Así como en una dictadura las consignas democráticas adquieren más peso, en una democracia burguesa no hay que ocultarles a las masas los rasgos negativos centrales de ella que son precisamente su carácter de clase y, por eso mismo, antidemocráticos. Y más aún en estos tiempos de desgastes del régimen cuando las masas pierden expectativas en la participación electoral, y se dan rebeliones e insurrecciones en muchos lugares del mundo sin esperar nuevas elecciones ni depositar expectativas en ellas. Es necesario entonces -junto al programa a levantar en cada uno de estos procesos- denunciar políticamente al régimen democrático burgués, sin caer en atajos u orientaciones vanguardistas -justificadas con retórica izquierdista o anarquistas-, que la ponen en pie de igualdad al fascismo dándole lo mismo que haya o no democracia, ya puesto que eso se aleja de la perspectiva revolucionara proletaria. Puesto que si esto último ocurre nos aleja también de la posibilidad de construcción del partido revolucionario en la clase y sus luchas, porque conllevaría una derrota de la clase -sin la cual no se puede imponer dicho régimen dictatorial-, o sea, abortaría -por un tiempo al menos- la posibilidad de un desenlace obrero, socialista y revolucionario al proceso.
Y frente a la desgastada democracia burguesa -y sus mecanismos de engaño, cooptación y corrupción política- hay que propagandizar que la revolución socialista y el poder obrero la superará ampliamente, en democracia y en beneficios para los trabajadores, porque al ser el poder de las Asambleas Obreras y populares -con democracia obrera y pluripartidismo en dichas asambleas-, será la voluntad de las grandes mayorías.
8- La Internacional
Junto a importantes huelgas en Europa se dan también grandes movilizaciones, rebeliones e insurrecciones que recorren el mundo, las se disuelven, son desmontadas o canalizadas hacia salidas electorales, pero quedan latentes porque no hay soluciones de fondo a los principales problemas. Y no solo que no hay soluciones a las necesidades más acuciante de las masas, sino que la crisis estructural del capitalismo hace que la burguesía avance más aún en la pauperización proletaria y el empobrecimiento y saqueo de los pueblos. Lo que llevará a que nuevos ascensos, insurrecciones e incluso revoluciones continúen dándose. Pero sin la resolución de la crisis de dirección socialista y revolucionaria del proletariado nada va a cambiar, más bien la desocupación, la miseria y la represión irán en aumento. De allí la importancia de los partidos marxistas revolucionarios (leninistas/trotskistas) y la Internacional.
En estos más de 30 años -tras la restauración del capitalismo por la burocracia stalinista en los ex-EOB-, el grueso del movimiento trotskista no paró de girar hacia la derecha adaptándose al régimen democrático burgués. Algunas corrientes, como el SU, hasta renunciaron de la Dictadura revolucionaria del proletariado (revolución socialista, esto es: conquista del poder por la clase dirigida por un partido obrero revolucionario e instauración de la democracia obrera o soviética), pero la mayoría no lo dice explícitamente, sino que detrás de formulaciones laxas y ambiguas como “Por un gobierno de los trabajadores” luchan por los cambios, incluso los más importantes a realizar, dentro del mismo régimen democrático burgués y se presentan a elecciones depositando expectativas en el Parlamento y, al plantear la consigna de poder en el marco del sistema, depositan expectativas -y falsa conciencia en la clase- en que se puede llegar al poder por esa vía, o sea, dejan flotando ambiguamente la falsa creencia de que los socialistas revolucionarios pueden y deben ganar las elecciones en el capitalismo para gobernar, lo que obviamente no forja revolucionarios en la clase.
También se dieron rupturas en muchas corrientes que parcialmente han cuestionado o modificado esas concepciones revisionistas, o de algunas de sus implicancias, pero al no realizar balances a fondo -la mayoría de las veces ni balance siquiera-, prontamente vuelven a caer en lo mismo o en diferentes facetas de lo mismo. Es que el revisionismo responde a fuerte presiones políticas-sociales y de clases, que, si no se va a fondo en su combate extrayendo las conclusiones necesarias, y se arma a las organizaciones revolucionarias con esas lecciones, se vuelve a sucumbir a dichas presiones. Generalmente priorizando la táctica electoral -sino de forma directa lo hacen siendo parte o apoyando a frentes electorales, incluso a candidatos patronales- a lo que subordina toda su política para tener diputados, visibilidad y recursos financieros, y no -frente a la ofensiva burguesa- la táctica de frente único obrero en lucha por la conciencia política de clase, que es lo que correspondería, a la cual debe subordinarse la táctica electoral.
Ciertamente que después de grandes movilizaciones huelgas generales y hasta rebeliones, si la burguesía logra canalizar el proceso hacia las elecciones puede haber en la sociedad un desplazamiento electoral hacia la izquierda, como hubo en Hungría en 1918 -donde ya había soviets-, con los gobiernos obreros de Sajonia y Turingia en Alemania de 1923, o como la situación que llevó a Syriza al poder en Grecia, en 2014, y dar un “gobierno obrero”. Como la táctica de gobierno obrero teorizado por la III Internacional en 1922, que era algo intermedio y no exactamente la dictadura del proletariado. Era para luchar desde dentro haciendo avanzar el proceso revolucionario; desarmando a la reacción y armando a los trabajadores, desarrollando el poder obrero en las fábricas, expropiando fábricas que cierren, a las oligarquías y las tierras improductivas, etc. De allí que la participación en tal frente electoral o gobierno obrero que permita dar un gran salto en la construcción partidaria, fortalecer a la clase y al mismo tiempo a la situación política revolucionaria del país en cuestión, que -dependiendo también de cómo esté el Ejército- posibilite la conquista del poder, no se puede descartar. Pero, fueron situaciones excepcionales de las que sólo ha habido dos o tres en más de cien años, y en todo caso se trata de una maniobra táctica para aplicar en ese momento, no para orientarla partiendo de las elecciones como estrategia para la llegada al poder, eso adapta al régimen democrático burgués y por lo tanto al capitalismo, y no forma revolucionarios: bolcheviques-leninistas, o sea, trotskistas.
Para avanzar en la construcción de la Internacional -unificando grupos trotskistas que resisten al creciente desbande oportunista o consolidación de revisionismos- sin la cual no va a haber revoluciones obreras triunfantes, revoluciones socialistas, hay que tener en cuenta cuatro cuestiones principales; a) la comprensión común a la situación mundial y su dinámica, b) las respuestas comunes a los principales procesos de la lucha de clases del último período, c) comprensión común de la situación del trotskismo, y d) la misma concepción de Internacional a construir.
Este último punto, el de la cuestión de la Internacional a construir, no es una cuestión menor, porque no basta estar contra el nacional-trotskismo, así como estar en contra de las alianzas internacionales que conducen a corrientes internacionales como acuerdo de dos o tres partidos madres los que a su vez tienen sus satélites (como fue la situación a la que arribó el Comité Internacional -SWP norteamericano, el WRP inglés y el PCI francés – que jugaron un rol progresivo en su primer momento al enfrentar al pablismo, pero que no apostaron a construir una internacional democráticamente centralizada con sus congresos y resoluciones, y así degeneraron). Es que ese tipo de acuerdos llevan a construir federaciones de grupos y conducen igualmente a las concepciones nacional trotskistas al establecerse status quo entre organizaciones fuertes que frenan el debate, y por tanto la crítica y la autocrítica. E igualmente no se puede construir una Internacional con un régimen como el de la IIII o de la IV Internacional de Lenin y Trotsky, como si ya se tuviera una dirección con prestigio que haya sido probada en los grandes acontecimientos de la lucha de clases, con un férreo centralismo democrático. Más bien hay que construir una Internacional democráticamente centralizada -porque hay que dar respuestas a los procesos de la lucha de clases mundial y construir un cuadro militante común-, la que no le pueda imponer las tácticas a las secciones nacionales -y, lógicamente, estas no se puedan negar a discutirlas, así como sus resultados-, que contemple las tendencias y fracciones y estén representadas en su dirección, así como fracciones públicas -si no hubiera problemas de principios por medio- creando los mecanismos organizativos, incluyendo las publicaciones para discutir de cara a la vanguardia obrera revolucionaria mundial las diferencias, y comprobando también así la justificación de dicha existencia en forma de facción pública, de tal o cual sector, porque las diferencias son reales y lo ameritan.
*Trabajo para todos – Reparto de las horas de trabajo, reduciendo la jornada laboral, sin rebaja salarial – Por salarios que cubran la canasta familiar
- Toma y lucha por la expropiación, estatizando sin pago -y poniéndolas control obrero- de toda empresa que cierre o despida en masa
- No a las flexibilizaciones, reformas o “modernización” laboral, todas generan más explotación, precarización y desempleo
- Expropiación de hacendados, terratenientes y oligarquía agraria, y creación de cientos o miles de cooperativas agrarias bajo el control de sus trabajadores
- Expropiación estatizando -sin pago- toda empresa que explote recursos naturales no renovables y reconversión de empresas o mineras contaminantes – Defensa y restauración de ecosistemas naturales
- Defendamos a Cuba del imperialismo, y luchemos contra la restauración capitalista que lleva adelante la burocracia-burguesa stalinista/castrista
- Fuera Rusia de Ucrania – Fuera la OTAN – Por una Ucrania Obrera y Socialista en su territorio histórico -fijado en 1919-, el marco de una Federación -libre y voluntaria- de Repúblicas Socialistas de Europa
- Fuera los imperialistas de Palestina, Libia, Sudán, Siria, República Democrática del Congo, Somalia, etc.
- Abajo el Estado genocida nazi-sionista de Israel – Por una Palestina Obrera y Socialista en todo su territorio histórico, en el marco de una Federación -libre y voluntaria- de Repúblicas Socialistas del Medio Oriente
- No a los bombardeos de los EE.UU. al Mar Caribe agrediendo a Venezuela, y contra las amenazas de bombardeos a México y Colombia
- Desmantelamiento total de los arsenales nucleares comenzado por los países imperialistas
- Abajo las alianzas o pactos militares imperialistas – No a la OTAN o a la QUAD – Por la unidad de los trabajadores de China, EE.UU., Australia, Corea o Japón
- Boicot activo a la fabricación, transporte y envío de armas de los países imperialistas
- Comité de autodefensa contra las bandas derechistas, paramilitares, supremacistas o fundamentalistas religiosas – Grupos de autodefensa de mujeres contra agresores y minorías de género
- Fuera las religiones del Estado, la política y la educación
- No al Apartheid de los países imperialistas contra la población de las naciones más pobres – Comités de apoyo para prevenir o dificultar la captura de migrantes por parte de las fuerzas de seguridad
- Por la construcción de partidos obreros socialistas y revolucionarios -de tipo bolchevique- en todo el mundo – Por la Cuarta Internacional
- Por el desarrollo de organismos de lucha (Asambleas Obreras y populares, Juntas Obreras, Consejos Obreros, Soviets, etc., etc.) y el pluri-partidismo obrero en ellos para la autodeterminación de los trabajadores
y las masas en lucha - Abajo el capitalismo, que es cada vez más hambre, miseria y guerras – Por Gobiernos Revolucionarios de los Trabajadores y la democracia obrera construyendo el Socialismo – Por la Revolución Mundial y el Comunismo
Socialismo Obrero
30/11/2025
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