Frente Único Obrero, ayer y hoy
Debate y Teoría Marxista, Novedades Obrero, Socialismo, Socialismo ObreroSobre la táctica del Frente único obrero en el Morenismo
Se equivoca Nahuel Moreno cuando en su trabajo crítico a la concepción lambertista de frente único, “El origen del Frente único obrero”, de 1982, dice que se le había cedido al lambertismo porque a nivel de la corriente ‘no estaban maduros para esa discusión’. Sin negar el hecho de que podía ser correcto considerar que no lo estuvieran, aunque sobre el FUO la inmensa mayoría del trotskismo -salvo Trotsky- no ha incursionando demasiado en la discusión teórica ni sobre la implementación de dicha táctica. Pero, lo paradójico del caso es que sí se había discutido sobre ella -enfrentada a la mayoría del SU, casi diez años antes-, y que esa primera aproximación es más fructífera que la que realiza en su crítica a lambertismo diez años después. Sin con esto último decir que no hayan sido correctas las críticas a la concepción lambertista de FUO, la que directamente se trataba de una capitulación política a la burocracia sindical socialdemócrata en el movimiento obrero francés.
Pero antes de ir a los dos enfoques del tema que realiza la corriente morenista en vida de Moreno, hagamos una pequeña reseña histórica tanto del origen de la táctica del FUO y su aplicación táctica en las décadas del 20 y del 30 del siglo pasado.
Alemania, a comienzo de los años 20. A un año de la Revolución Rusa, en noviembre de 1918, comienza la revolución alemana y es derrotada en enero de 1919 (y asesinados Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, dos de sus más importantes dirigentes) por la socialdemocracia en el poder, y en 1920 asumen los conservadores el poder en Alemania. A todo esto, a pesar de la traición a la clase y al mismo socialismo como teoría y programa -tanto en el apoyo a la guerra imperialista en 1914 como en la represión de la revolución de noviembre de 1918-, la socialdemocracia seguía dirigiendo ampliamente el movimiento obrero, sobre todo los sindicatos industriales, mientras que los comunistas eran fuertes en sindicatos menores y en desocupados. Es en ese marco que los comunistas empiezan a discutir otra táctica que ayudara a acelerar la experiencia de la clase con la dirección socialdemócrata, no solo por intermedio de la crítica como anteriormente sino de la experiencia práctica sobre la lucha por sus cuestiones más inmediatas y sentidas. Para lo cual, frente a la división de la clase obrera alemana, situación de la que la burguesía sacaba provecho, había que oponer un frente único. Básicamente era una propuesta/embrete para mover a los burócratas del escritorio y de no luchar exponerlos frente a las bases obreras.
Así, en 1921, el Tercer Congreso de la III Internacional discute y vota la táctica de Frente único obrero, no solo buscando la unidad por abajo sino también por arriba -incluso se quería unidad parlamentaria también- a la socialdemocracia principalmente en Europa, la que, obviamente, no tenía que estar gobernando ni apoyando un gobierno burgués o una coalición burguesa. Táctica que se llevó adelante -con altibajos porque también estaba muy condicionada a la crisis de la dirección del PCA- hasta la revolución de 1923, que le permitió al PCA más que duplicar sus fuerzas en muy corto período. Revolución de 1923 que, dicho sea de paso, no triunfa porque el PCA se niega a luchar por el poder.
Pero, en definitiva, en una situación mundial de ascenso revolucionario (período 1914/17 al 1923/24) el Frente único obrero se trató de una táctica de unidad de la clase para exponer a sus direcciones oportunistas y/o reformistas de cara a la misma clase, táctica defensiva frente al ataque de la burguesía que preparaba las condiciones subjetivas -conciencia en la clase y construcción de partido revolucionario- para la revolución.
Alemania a comienzo de los años 30. Tras la derrota de 1923, por falta de iniciativa revolucionaria del PCA que se niega a la lucha por el poder, la clase obrera alemana entra en un proceso de retroceso y sectores importante de la vanguardia obrera revolucionaria, del periodo anterior, se desalienta e incluso sectores obreros se pasan a la socialdemocracia y a los partidos de derecha. Esto se da paralelamente a la profundización de la crisis económica y a un proceso de hiperinflación donde los métodos de lucha impotentes socialdemócratas/reformistas caen en descredito en las masas, y, sacando provecho de esta situación, empieza a surgir y a tomar cada vez más fuerza con epicentro en las clases medias, el fascismo de Hitler. Es en esta situación que la III Internacional ya dominada por Stalin, representante de la burocracia soviética, comienza a plantear, en 1928, la línea que se conoció como “el tercer periodo” la que básicamente decía que la situación iba indefectiblemente hacia la revolución y que socialdemócratas y fascistas era lo mismo. Thalheimer, dirigente del PCA llega a decir “que el árbol fascista no nos impida ver el bosque socialdemócrata”, queriendo con ello decir que el problema no era el ascenso de Hitler sino los socialdemócratas. Frente a esto Trotsky -que exiliado de la URSS sigue siendo partidario de permanecer en los PC’s y en la Internacional Comunista como una fracción crítica dando la pelea en su interior- plantea nuevamente la necesidad del Frente único obrero defensivo para cerrar filas entre las dos principales fracciones de la clase obrera, entre comunistas y socialdemócratas, proponiendo la creación de los “Comité de autodefensa” para defender las prensas obreras -los edificios y sus imprentas- y los sindicatos de las bandas fascistas (pero no proponía la unidad electoral, al contrario, decía que el Partido Comunista debía tener la posibilidad de levantar claramente su programa en las elecciones). Pero la línea stalinista de ‘el tercer periodo’, al dividir al proletariado y no buscar derrotar en las calles al fascismo, no hizo más que valentonarlo, con el resultado que no podía ser más que su fortalecimiento.
Francia, 1934. Después del ascenso al poder de Hitler en 1933, y que la Tercera Internacional evaluara casi unánimemente lo acertado de su orientación criminalmente sectaria de ‘el tercer período’ -incluso considerando que se está mejor para la revolución-, es que Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional consideran perdida para la revolución a la Tercera Internacional y nace el Movimiento por la IV Internacional. Es así que, en Francia, de 1934, el trotskismo ya estaba por fuera de los partidos comunistas y no planteaban revertir internadamente su orientación sino construir nuevos partidos. Y plantea el Frente único obrero defensivo -entre ellos, el PS y el PC- para enfrentar al fascismo en ascenso -y el desempleo y los bajos salarios-, ligado a la Huelga General y la lucha por el poder (lo que no era la Dictadura del proletariado sino un Gobierno obrero, en el sentido de la táctica de ‘gobierno obrero y campesino’, tal como lo levantaron como embrete a mencheviques y social-revolucionarios para que estos rompieran en el gobierno de coalición con los ministros capitalistas a mediados de 1917 en Rusia). Posteriormente el stalinismo cambian de línea en Francia y va hacia un Frente Popular junto a socialdemócratas y radicales -un partido burgués-, entonces el planteo/exigencia por el FUO ya no tuvo sentido.
Esas son las tres experiencias clásicas, en vida de Trotsky, del Frente único obrero. En la primera exposición, que se aplica principalmente a Alemania de los años 20, en el marco de una situación revolucionaria mundial, con la existencia de la URSS y Lenin y Trotsky al frente, y la Tercera Internacional todavía revolucionaria. La segunda exposición, es en Alemania de principios de los años 30, pero ahora en una situación de retroceso contrarrevolucionario, con la consolidación de la burocracia stalinista en la URSS, y con Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional, todavía como una pequeña fracción en la burocratizada Tercera Internacional queriendo dar la pelea en su interior y del propio PC alemán; y la tercera exposición es en Francia, de mediados de los años 30, con pequeños grupos -incluso haciendo al mismo tiempo entrismo en el PS-, en una situación de retroceso contrarrevolucionario, con una URSS burocratizada y ya por fuera de la III Internacional igualmente burocratizada. Y el mínimo común denominador es que en los tres ejemplos el Frente único obrero es una táctica defensiva, que ofrece la unidad en base a un programa de lucha a las direcciones de la clase -que no deben estar gobernando ni apoyar al gobierno de turno- y que expone a las direcciones de la clase por no querer llevarlo adelante.
Lo que se planteaba en 1973 y lo que se concluyó en 1982
Cito en extenso lo que plantea Moreno, en El Partido y la Revolución de 1973, -discutiendo con la mayoría del SU, porque es correcto en el marco de la crítica de la desviación superestructural y subjetiva del frente único obrero, o política general, que tenía el mandelismo en esos años:
El frente único es una táctica
Los camaradas de la Liga Comunista están equivocados. En primer lugar, el frente único no es un principio, ni una estrategia de nuestro partido, sino táctica política para situaciones específicas de la lucha de clases. En segundo lugar, como cualquier otra política nuestra, debe responder a necesidades profundas de una etapa del movimiento de masas, y no a las relaciones internas entre los diferentes sectores del movimiento. Dicho de otra manera: el frente único es una táctica que nosotros aplicamos cuando la situación de la lucha de clases le exige objetivamente al movimiento obrero, unificar todas sus fuerzas para enfrentar a la burguesía; depende de las relaciones entre el movimiento de masas y los explotadores, no de las relaciones entre los diferentes partidos del movimiento de masas. Vale decir, lo que determina nuestra política de frente único es el factor estructural (relaciones entre las clases) y no el superestructural (relaciones entre los partidos obreros).
Sin embargo, esta política tiene un aspecto superestructural muy importante, que es la forma de plantear el frente único.
Contra la política oportunista, que plantea el frente único solamente a las direcciones y no lo plantea a las bases para no tener roces con aquéllas; contra la política ultraizquierdista, que lo plantea sólo a las bases e ignora a las direcciones; la política trotskista consiste en plantear el frente único a las bases y a las direcciones, con tres objetivos: primero, no romper con las bases de los partidos reformistas ignorando a las direcciones que ellas reconocen; segundo, promover la presión de las bases sobre las direcciones para obligar a éstas a aceptar el frente único; tercero, agotar la experiencia de las bases con las direcciones reformistas, desenmascarando a éstas por sus vacilaciones y traiciones frente a las tareas del frente único, y postularse como dirección revolucionaria de alternativa.
Pero este aspecto superestructural, esta forma de plantear el frente único, sin la cual no existe una verdadera política de frente único, no es más que eso: una forma, un aspecto superestructural pero no el determinante. Lo decisivo es que haya necesidades muy apremiantes para el conjunto del movimiento obrero que nos obliguen a plantear esa política.
Justamente porque el frente único obrero responde a una necesidad objetiva del movimiento de masas en una etapa precisa de la lucha de clases, generalmente es defensivo. Si durante años no estuvo planteado el frente único en Europa, no fue por razones numéricas, sino por una profunda razón objetiva: no hubo una brutal ofensiva de los explotadores que planteara la necesidad de una política defensiva de conjunto de los explotados. La pobreza relativa (o riqueza absoluta) de los trabajadores europeos es lo que explica que el frente único no estuviera planteado en forma inmediata, agitativa. No podía estarlo, no lo podrá estar, mientras objetivamente toda la clase obrera no enfrente, no sienta, un grave peligro que la afecta en forma inmediata: fascismo, reacción, carestía de la vida, desocupación, racismo, etc.
¿Cómo instrumentamos la política del frente único? Este es un problema muy delicado: cómo distribuimos nuestros militantes, sobre qué sectores del movimiento de masas golpeamos preferentemente y con qué consignas lo hacemos es algo que se resolverá correctamente según la habilidad de nuestras direcciones y partidos para evaluar la situación objetiva y nuestras propias fuerzas, y su capacidad para distribuirlas y armarlas con consignas correctas. No existe una respuesta general a este problema, porque todas las situaciones son concretas. Lo máximo que podemos decir es que habrá que golpear sobre los sectores del movimiento de masas en los cuales los problemas objetivos se presenten en forma más aguda (si se trata de problemas económicos o democráticos parciales, como los problemas nacionales) o sobre aquellos que hayan demostrado una mayor sensibilidad y disposición para la movilización si se trata de problemas políticos generales (peligro de golpe reaccionario, por ejemplo); que a esos sectores debemos volcar la mayor parte y lo mejor de nuestras fuerzas; y que debemos buscar la consigna específica que refleje en su seno el problema general que está enfrentando el movimiento de masas en su conjunto. Como cualquier otra política nuestra, su posibilidad de éxito depende del proceso objetivo de la lucha de clases y, secundariamente, de nuestra relación numérica con los demás partidos obreros.
Pero a la hora de ejemplificarlo, poniendo como ejemplo a la misma sección francesa del SU, no plantea exactamente el FUO -aunque reconozcamos que ya había dicho que este no estaba planteado para Europa en ese momento-, sino frentes únicos parciales que son una especie de unidad de acción proletaria para lo cual no se necesita programa porque se agita en la clase o se da de hecho en las luchas.
Posteriormente, casi diez años después, Moreno vuelve a incursionar en el tema del FUO, esta vez en crítica a la concepción lambertista sobre esta táctica, y comienza reconociendo que la crítica que realiza se debe a que previamente, él y su corriente, se equivocaron al aceptar la concepción lambertista del FUO como una estrategia o táctica privilegiada. Sin embargo, lo que se dice en Actualización del Programa de Transición de 1980 -cuando se estaba en el proceso de unificación con esa corriente internacional-, es poco pero esencialmente correcto. Pero en el desarrollo de la exposición que Moreno realiza dos años después -en Los orígenes del Frente único obrero, 1982- termina diciendo que el Frente único obrero es como cualquier otra táctica, sea el entrismo, la presentación electoral -y dentro de ella la táctica de ‘polo obrero y socialista’ a la que hace alusión- o cualquier otra -que podría ser FUR, Bloque o PT-, y así termina disolviendo la cuestión prácticamente para restarle importancia a dicha táctica.
Tal vez esto último se deba a las concepciones objetivistas de los últimos años, las que ya estaban en el programa de fundación de la LIT-CI, donde el ascenso de las masas de principios de los años 80 es lo central, para lo cual hay que intervenir, aplicar tácticas y aprovechar las oportunidades. Lo que hace que en la concepción morenista, ya fundada la LIT-CI, la táctica de Frente único obrero no tenga prácticamente ninguna valoración puesto que se encuentra en una etapa mundial -abierta en el 1943/45- que se consideran la más revolucionaria de la historia de la humanidad. Cuando en realidad fue solo de ascenso revolucionario, porque la más revolucionaria fue la etapa del periodo 1914/17 al 1923/24. Lo que, así y todo -sea de ascenso revolucionario o directamente revolucionaria la etapa- no negaba la necesidad de la aplicación de la táctica de FUO, porque, de hecho, fue en la etapa más revolucionaria, con Lenin y Trotsky, la III Internacional y la URSS, el momento que se elaboró y aplicó primeramente.
Pero dejando de lado las consideraciones del porqué se da tal discontinuidad en el análisis de la corriente de Moreno, hagamos una primera aproximación hacia una síntesis sobre la discusión de lo que significa dicha táctica.
A modo de síntesis:
1) El frente único obrero no es un principio ni una estrategia, sino una táctica, aunque es muy importante porque responde a las necesidades objetivas de la clase y de la lucha de clase, y debe ser planteada cuando la burguesía pasa a la ofensiva buscando imponer planes de ajustes y quitar conquistas obreras y sociales, así como querer imponer regímenes bonapartistas reaccionarios, semi-fascistas o directamente fascistas.
2) Se trata de una exigencia, invitación o convite público a luchar por una serie de puntos a las direcciones -políticas y sindicales- reformistas -centristas u oportunistas- del movimiento obrero (las que pueden incluir la autodefensa y la Huelga General). Por lo tanto, dichas direcciones no pueden ser oficialistas ni haber negociado apoyo político al gobierno. Cómo realizarlo y que puntos específicos corresponde a cada realidad concreta -política y social- del movimiento obrero del país en cuestión, pero lo que no cambia es que el objetivo que persigue la táctica es cerrar filas frente a la burguesía y obligar a los reformistas o burócratas a luchar, de lo contrario quedan expuestos.
3) Como se trata de una táctica que responde a una necesidad objetiva de la clase para el desarrollo de la lucha de clases -y en ella la recomposición subjetiva construyendo el partido revolucionario- por eso no depende del tamaño del partido y su composición e inserción en la clase para poder ser planteada. Aunque sí esto puede tener influencia en sus resultados prácticos inmediatos, ya que, si la táctica corresponda a las necesidades de la lucha, es lógico que cuanto más grande y mayor inserción en la clase tenga un partido mejor será su resultado.
4) La táctica de Frente único obrero -o sea, esos cuatro, cinco o seis planteos políticos organizativos, que llamamos programa del FUO y que se levantan para la lucha común- no solo debe ser planteado a las bases obreras en la agitación -o agitación propagandística- sino también a las direcciones de estas. O, dicho de forma sencilla: es por abajo y por arriba, apoyándonos en la presión de la base para imponérselos a las direcciones o que queden expuestas frente a sus bases.
5) La táctica de Frente único obrero es para la acción, esto es: de efecto inmediato -o mediato, aunque no por mucho tiempo-, pero si por diferentes motivos -entre ellos que el grupo que la llama es muy pequeño- tal objetivo no se consigue, pero su necesidad sigue siendo imperiosa, o sea, que sigue siendo el único camino, entonces el planteo adquiere un carácter propagandístico y como critica a los partidos oportunistas o reformistas, planteando: ‘eso es lo que deberían hacer los partidos o los dirigentes sindicales’ que dicen querer enfrentar el ajuste o tales medidas.
6) A diferencia de la unidad de acción democrática que puede ser hasta con fuerzas políticas burguesas o la unidad de acción proletaria donde, en ambos casos, dicha unidad surge sobre la marcha de los acontecimientos, la táctica de Frente único obrero requiere de un programa. Y se trata de una táctica de carácter nacional, aunque puede ser planteada de forma local (provincial o municipal) manteniendo los criterios generales antes descritos.
7) Si en el desarrollo del proceso político que cambia el carácter de la situación, y lleva al surgimientos de organismos de la clase que ejercer un doble poder (soviet, consejos obreros, comité de lucha, etc.) al tratarse estos de frentes únicos de hecho, indicar que la clase de la defensiva pasó a la ofensiva, y hace que la táctica de frente único obrero ya no tenga sentido, entre otras cosas porque lejos de querer estar con los reformistas, lo que está planteada en esa situación es la lucha por el poder, precisamente contra esas tendencias o partidos cuyas direcciones se negaran a ello.
El Frente Único Obrero en la Argentina de hoy
Actualmente, en la izquierda argentina, no solo los morenistas -que parece que olvidaron más de lo que aprendieron- sino toda clase de trotskistas -albamontistas, altamiristas, munsserianos, entre otros-, a pesar de un feroz ataque de la burguesía sobre el nivel de vida y las conquistas sociales como nunca se había visto, hablan de unidad de acción o de ‘la más amplia unidad de acción’ lo que es decir ‘impulsemos las luchas’ y nada más, pero no llevan adelante la táctica del FUO para cerrar filas, unificar fuerzas y embretar a un sector sindical del peronismo que dice querer luchar pero no lo hace o lo hace aisladamente.
Esta izquierda -PO, PTS, MST, IS o N.MAS- sólo se limita a exigirle un paro o un plan de lucha a las direcciones burocráticas de la CGT y CTA que dicen claramente que están dispuestas a negociar una reforma laboral. Algunos otros, como Política Obrera o Democracia Obrera, van un poco más allá, unos plantean la Huelga General y otros un Comité de lucha centralizado, pero pasa a ser reclamos abstractos cuando no dice quien la va a llamar, ni a quien le hacen ese reclamo, quedando como una exigencia solapada a la burocracia sindical de la CGT/CTA. Mientras ambos, como los partidos más grandes -o los luchistas de Convergencia Socialista- apuestan a su autoconstrucción, sin entender que incluso ella depende de que la lucha derrote al gobierno sino lo que va a cundir es la desmoralización general en la clase y su vanguardia. Las revoluciones, como las situaciones revolucionarias -plantean Lenin y Trotsky-, también se preparan.
La ultraizquierda -en su mayoría perreteana o experreteana- y otros sectarios como ciertos maoístas, anarquistas, autonomistas o independientes, sectariamente niegan cualquier Frente único obrero so pretexto de que los otros partidos de izquierda son electoralistas, oportunistas y/o reformistas, lo que indica que, al menos los que se dicen marxistas, no han estudiado o entendido el sentido de la táctica, o en algunos casos demuestran directamente no tener responsabilidades frente a la clase.
Sin embargo, son los principales partidos de la vanguardia -esos cinco o seis partidos señalados- los que mayores responsabilidades tienen con su inacción en cerrar filas de la clase, y con ello solo le hacen un favor al gobierno, a la burguesía y a la burocracia sindical peronista. Y no sirve ser o mostrarse como luchistas, porque la lucha sector por sector lleva a la derrota cuando aisladamente o sector por sector, solo coordinando marchas, tiene muy pocas chances de triunfar. Así solo triunfa la política de ajuste del gobierno y las leyes esclavistas que busca imponer la burguesía, de lo que se trata es de dar una respuesta como un solo puño.
Marcelo Ríos, Socialismo Obrero
Diciembre del 2025
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