Socialismo Obrero es un núcleo socialista, revolucionario e internacionalista. Nos reivindicamos marxistas principistas -o leninistas/trotskistas- en lucha por la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora para la conquista del poder y el socialismo mundial. Y, al mismo tiempo, en lucha día a día por las reivindicaciones inmediatas y más sentidas de los trabajadores y el pueblo pobre, buscando movilizar a las masas contra los gobiernos y las patronales, combatiendo en esas luchas a las burocracias sindicales.

No somos sectarios ni ultraizquierdistas, no negamos la participación en los sindicatos tradicionales buscando también el desarrollo de otros organismos de lucha que den respuestas a las necesidades concretas de lucha de los trabajadores y las masas. Consideramos que hay que presentarse a elecciones, pero eso debe hacerse para propagandizar el programa socialista y revolucionario entre los trabajadores y el pueblo pobre, para saber cuánta aceptación tienen nuestras ideas revolucionarias en ese momento concreto, pero no para depositar expectativas en que el voto va a cambiar las cosas, o que dichos cambios se vayan a lograr por acumulación de parlamentarios o dando a entender que se deban o puedan ganar las presidenciales, como hacen otras organizaciones de izquierda, que, aunque diciéndose socialistas o marxistas, tienen una desviación electoralistas o directamente están adaptadas al régimen, y con esas concepciones crean falsas conciencia en la clase y su vanguardia.

Lo realmente importante no son las elecciones o los votos -ese es el terreno más favorable para los partidos patronales y sus políticos financiados por los grandes capitalistas-, sino el construirse en la clase y en sus luchas impulsando la movilización y la auto-organización de los trabajadores y el pueblo pobre; respondiendo políticamente para así construir esa alternativa socialista y revolucionaria que cambie de raíz esta Argentina capitalista y semicolonial, y por lo tanto al capitalismo mundial en descomposición terminal.

Ciertamente que para llevar adelante esto es necesario un programa, y para luchar por él, y defenderlo, es fundamental construirse como organización: construirse como partido en la clase. Sin partido no hay forma de defender el programa ni de formar en el socialismo científico o marxismo -y en la experiencia histórica de la lucha de clases dada por la clase obrera a nivel mundial al cabo de casi dos siglos- a las nuevas oleadas de activistas que surgen en las luchas. Pero no cualquier partido sino uno de los trabajadores, socialista, revolucionario e internacionalista, y por ello: centralista y democrático, apto tanto para entender la realidad siempre cambiante, como para responder a ella y a las tareas estratégicas por delante. Un partido revolucionario, estructurado en la clase y el movimiento obrero, que necesariamente debe ser disciplinado, pero también dándole mucha importancia a la cuestión de los sanos métodos internos, para crear los anticuerpos contra su transformación en un centralismo burocrático y con ello bloquearse la necesidad del debate tanto político como teórico-programático, sin la cual no habrá revolución ni transición al socialismo y socialismo mundial.

Socialismo Obrero impulsa esa tarea histórica, que no puede ser llevada adelante más que batallando permanentemente contra las presiones de clase de los sectores de clases medias que son más propensas a creer y reproducir las ideologías de la burguesía. Así como mejorando y actualizando el programa frente a los nuevos fenómenos, como las respuestas a dar -partiendo de los sectores más explotados y oprimidos del proletariado -sea ocupado, precarizado y desocupado-, y unificándolo con los amplios sectores de jubilados que son parte de él- enfrentando a la cada vez mayor fragmentación en la clase; incluyendo también la lucha de la mujer trabajadora -y los diferentes géneros- o la cuestión ambientalista. Sin cambiar el eje de clase, ni a la clase como sujeto emancipador que debe llevar adelante esas tareas, y sin la cual no se puede resolver estas cuestiones, como tantas otras, sino con la lucha, la revolución y la conquista el poder para cambiar la sociedad y construir otro mundo.

Nos reivindicamos bajo la herencia teórica-programática de la IV Internacional en vida de Trotsky, esto es; de las tres internacionales anteriores -con Marx, Engels, Luxemburgo y Lenin como sus principales dirigentes-, y de la Teoría de la Revolución Permanente y de El Programa de Transición, programa de fundación de la IV Internacional. Así como de los aportes principistas al marxismo realizados por los trotskistas en la Segunda post-Guerra Mundial. En ese sentido el colapso stalinista, de finales del siglo pasado, reafirmó lo que ya anticipó Trotsky y defendió el trotskismo principista: sin combate a la burocratización del Estado Obrero naciente, o sea, sin la lucha por la democracia obrera o soviética, no hay transición al Socialismo y mucho menos al Comunismo.

La importancia de la Internacional no sólo reside en lo más obvio; en que no se va a poder expandir la revolución socialista sin previamente no existen otros partidos y cuadros educados en concepciones marxistas principistas, sino en que también es imposible mantener una doctrina -teoría e ideología- internacionalista sin una práctica internacionalista, lo que incluye fundamentalmente el debate marxista y el control de todas las secciones sobre la vida de la organización. Debate no sólo político general, sino también sobre sus discusiones y métodos internos, para una construcción democrática y orgánica. Evitando así que se transforme en una suma de partidos y grupos nacionales donde sus direcciones -que son todas débiles porque no están probadas en grandes acontecimientos de la lucha de clase- se equivoquen y apliquen métodos incorrectos o asuman privilegios y prerrogativas, sobre la base, que no correspondan. En definitiva, la Internacional, con un método centralista democrático y orgánico, es el único reaseguro tanto para reducir los márgenes de errores políticos como contra la degeneración -teórica/programática y metodológica- de las secciones o partidos nacionales.

Socialismo Obrero